Nos hallamos ante retos demográficos y climáticos que demandan cultivos no solo más productivos sino también más nutritivos y resilientes. Una forma indirecta de aumentar la productividad podría ser disminuyendo las pérdidas, por ejemplo, con cultivos más tolerantes a condiciones adversas. Por otro lado, el aumento del valor nutricional de los productos agroalimentarios podría compensar la menor productividad. En concreto, estamos interesados en el área en la que ambos aspectos solapan, es decir, en los compuestos que la planta sintetiza para tolerar el estrés (por ejemplo, hídrico) y que además son nutrientes o tienen propiedades saludables (por ejemplo, vitaminas). Estamos centrándonos en dos cultivos de gran importancia en España, la lechuga y el melón. Para afrontar este doble desafío que es la obtención de cultivos más resilientes y biofortificados en compuestos nutritivos y saludables, empleamos herramientas bioquímicas, metabolómicas, transcriptómicas, genéticas y genómicas.